Mentira: El salario mínimo no cubre la cesta básica

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Mentira: El salario mínimo no cubre la cesta básica

Fuente: Nuevo País

Fecha: 13 de noviembre de 2011

Mentira: Ajuste del salario mínimo no cubre costos la cesta básica

 

Verdad:

  • Desde 1989 hasta el año 1998, el sueldo mínimo fue inferior al valor de la Canasta Alimentaria Normativa: mientras el valor de la Canasta Alimentaria subía todos los años, el salario mínimo se mantenía invariable hasta por tres años consecutivos. En cambio, desde el año 1999 hasta el año 2011, el Ingreso Mínimo Legal (sueldo mínimo + cesta ticket) siempre ha estado por encima del valor de la Canasta Alimentaria Normativa.
  • Para la llegada del Gobierno Bolivariano, el salario mínimo se ubicaba por debajo de 100 bolívares, y la inflación pasaba el 100%. Desde ese año (1999), la tendencia de la inflación tendía siempre a la baja, hasta el período del golpe de Estado y del sabotaje petrolero (abril 2002 - febrero 2003), perpetrados por la ultraderecha contrarrevolucionaria, cuando, pese a que el salario ya se había elevado a 190 bolívares, la inflación alcanzó 31,2%, y luego de aquella gris experiencia, la situación fue revertida en los años 2004 y 2005, cuando el sueldo mínimo alcanzó los 247 bolívares y la tasa de inflación se redujo a 19,2%.
  • Pese a la crisis económica global, particularmente concentrada en países como Estados Unidos y otros de Europa, el Estado venezolano no ha dejado de incrementar el salario mínimo todos los años, lo que igualmente ocurre con las pensiones, homologadas al salario mínimo. Desde 2005 hasta 2008, el incremento fue de 97%; y entre 2010 y 2011, el incremento es de 26,5%, mientras que la inflación ha disminuido, hasta llegar en 2011 a 22,9%.
  • Más que necesario es, destacar que, con el actual salario mínimo de 1548 bolívares (360 dólares con dólar a 4,30), el ingreso mínimo de los trabajadores venezolanos está por encima, incluso de Brasil (590 reales o 350 dólares); e igualmente precisar que, a la permanente actualización del salario mínimo venezolano se le suman otros emolumentos como el cesta ticket, y también otros beneficios como el acceso a los productos de la canasta básica, a la salud, a la educación, el transporte, todo lo cual aumenta el nivel de bienestar y ha permitido ubicar al pueblo de Venezuela, según Gallup, como el segundo entre los países más felices de América Latina.
  • Paradójicamente, mientras Venezuela sigue incrementando el salario mínimo, los países del Primer Mundo vienen atravesando una crisis económica que les ha obligado a recortar sueldos, salarios y gasto público, y a aplicar planes de reducción laboral.
  • Pese a la crisis económica global, el Gobierno Bolivariano no ha dejado de incrementar, sistemáticamente, el sueldo mínimo desde 1999.
  • Desde 2005, se ha mantenido un incremento promedio superior a 23%: el incremento promedio, desde 2005 hasta 2008, fue de 25,65%; entre 2009 y 2010, el incremento promedio ha sido de 23 puntos porcentuales; en 2011, el incremento fue de 26,5%.
  • Los premajunches opositores de hoy, albergan tanto odio que, intencionalmente, desconocen que el Gobierno Bolivariano ha sido el único gobierno en los últimos 60 años, que ha hecho justicia con los trabajadores, en Venezuela. Sólo para no olvidar, hagamos un ejercicio de memoria por los protagonistas años del Puntofijismo adeco y copeyano que tanto defienden e idolatran los opositores de hoy.
  • El primero a invocar, de 1958, es el filípico Rómulo Betancourt, adeco coautor intelectual y material del Puntofijismo, quien bien lejos de revisar si era justo lo percibido por los trabajadores de aquel tiempo para honrar a sus equivocados electores, optó por el ignominioso atajo de decretar la reducción de sueldos y salarios en un 10%, en todo el territorio nacional; endosándole al pueblo, de manera infame, la carga resultante de la ineptitud e incompetencia de su Gobierno, cuando los únicos que debieron ser objeto de tal pescozón, eran los integrantes de su torpe equipo gubernamental, como también por los ataques, acoso y allanamientos propinados a las organizaciones sindicales de trabajadores, empleados y obreros. Lejos de preocuparse por el salario de los trabajadores, comienza la persecución tras los irreverentes al Gobierno.
  • En 1963, le siguió otro adeco, a quien sus idólatras le inventaron el aspecto de bonachón, tras del cual se escondía lo impublicable de su gobierno de “ancha base”, mandato bajo el cual se mantuvo la política represiva iniciada por su socio Betancourt, con más torturados y desaparecidos; se crea el fraudulento Banco de los Trabajadores; se convierte la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), en una poderosa organización empresarial; y se establece el primer  de salario mínimo, no para mejorar la condición laboral venezolana, sino para blindar los capitales de industriales y empresarios. Esta decisión fue tan dañina, que fueron muy pocos los beneficiados que recibieron un pequeño incremento salarial, y muchísimos los afectados que quedaron en el nuevo mínimo, sin mejoramiento alguno, después de haber logrado elevar su condición, con esfuerzo y rendimiento.
  • Para 1968, continuó en la caravana otro Puntofijista, el copeyano Rafael Caldera, el que, de varilla, ganó aquellas elecciones, con la promesa tramposa de construir 100 000 casas por año, y no llegó ni al 10% del jurado compromiso. En ese período, se produjo la primera huelga nacional del magisterio, por el desconocimiento que el gobierno practicó para con ellos; tras la huelga de Sidor en 1971, se consuma el despido masivo de trabajadores de las industrias básicas de Guayana; se fomentó la desviación de los recursos del Estado, rolo a rolo y tolete a tolete, con los que se enriquecieron tanto verdes como blancos, tal como ocurrió con el fraudulento y milmillonario proyecto -hídrico sin agua- “La gran aducción del Quinimarí”; todo aquello en medio de la impunidad legalizada, a través del gran incendio de Parque Central que acabó con todos, absolutamente todos los más de 6 000 expedientes que habían sido abiertos, para comprobar tales hechos contra la nación.
  • En 1973, le sucedió otro socio del pacto: el adeco zar de la logomaquia Carlos Andrés Pérez, quien con la abundancia del dinero público siempre tapó el despilfarro, cuando se pedía que le dieran dos, para mostrar abundancia en medio de la locura gubernamental, mientras vulneraba el derecho a huelga, que llegó al grotesco número de 576 huelgas; de las cuales, 575 fueron declaradas por el gobierno, como ilegales. La única restante, fue declarada legal, pero por decreto. En ese período, la CTV se fortaleció como grupo empresarial, y sólo se les prestó atención social a quienes estaban en el cogollo del partido —que, más tarde, serían su verdugo.
  • Para 1978, llegó el inefable copeyano Luis Herrera Campins, y mientras preguntaba dónde estaban los reales, seguía la corrupción; mientras se intervenía el Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV) para investigar el desconocido destino de 5 000 millones de dólares, al mismo tiempo la CTV practicó una intervención masiva de sindicatos, cobrando peaje a las empresas, como los casos de Ferrominera del Orinoco, Sutiss, Suticet - Táchira y otros más, todo coronado con el asesinato del bolívar estable en el más negro de los viernes, el 18 de febrero de 1983. En ese período, tampoco hubo angustia gubernamental por las condiciones económicas de los trabajadores, en los que aumenta la carga de la vida, derivada del abandono del Estado, la inflación y la devaluación del bolívar.
  • En 1983, siguió en la cola otro adeco, Jaime Lusinchi, inolvidable no sólo por osar ser como tú, Recadi, Yumare y El Amparo; sino, también, por el bochinche, cuando entre los vehículos rústicos de Ciliberto y los apartamentos de Juan Pablo II, se acentúa la congelación de salarios con la indolencia de los que hoy se quejan, y se produce la mayor huelga nacional del Magisterio, por razones idénticas a las de de 17 años atrás durante el desgobierno de Caldera: Desconocimiento del gobierno de los derechos y razonables aspiraciones de los educadores. En ese etílico período, se inició la aplicación de las medidas anti-laborales, impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
  • Para 1988, repitió Carlos Andrés Pérez, con una coronación de menos logomaquia, pero con más demagogia, arreció la aplicación de las medidas neoliberales impuestas por el FMI, como la liberación de precios, congelación de salarios, aumento de las tarifas de los servicios públicos y de los combustibles, y privatización global de las empresas del Estado. En su segundo período, se produjo su hecatombe política, al ser sorprendido en el desvío de fondos públicos de la violada Partida Secreta, y aquel partido que lo idolatraba y adoraba, es el que políticamente lo ejecuta, con el tiro de gracia que lo lleva a confesar “hubiese preferido otra muerte”. Hoy, algunos fariseos de aquellos verdugos lo invocan y utilizan para dramatizar lo perfecto del ayer, ante lo indebido de hoy. En aquel período, el salario tampoco fue tema de sensibilidad gubernamental, estuvo congelado hasta por tres años consecutivos, y la oferta fue su aumento a 4 000 bolívares para el trabajo urbano. Todo lo cual conllevó la adversidad de sus compañeros políticos, la gigantesca rebelión social: “El Caracazo”, y su enjuiciamiento y destitución.
  • En paso breve en 1992, surgió el otro adeco Ramón José Velásquez, quien transitó por la Presidencia, con más pena que gloria; sólo enaltecido por el indulto inaudito de Larry Tovar Acuña. En ese período, la condición de los trabajadores no fue tema de interés político para esa impávida figura,  y el salario de empleados y obreros también se mantuvo congelado.
  • En 1993, regresa el mismo copeyano con otro cachimbo, Rafael Caldera, para dejar a la inercia y al azar la marcha del país. En ese período, para proseguir los desmanes de sus antecesores, se implementó la llamada Agenda Venezuela, con la que se privatizan más empresas públicas, se aumenta la gasolina en 1 000%, y con el genio de Teodoro Petkoff se negocia la entrega de la retroactividad de las prestaciones sociales de todos los trabajadores, sin excepción. Para 1998, postrimerías de su desgobierno y fin del tiempo puntofijista, el salario mínimo venezolano era uno de los más bajos del mundo: 75 bolívares. También, en este lapso, el salario estuvo congelado hasta por tres años consecutivos, sin angustia alguna por los mismos copeyanos de hoy pero de otro color; mientras que la inflación se mantenía en porcentajes elevados y al alza, alcanzando, en el año 1996 tamaño nivel de 103,2%, el índice más alto registrado en la historia económica del país, lo cual causó máximos niveles de pobreza.
  • Después de haber conocido las “fabulosas” políticas salariales de los puntofijistas; hay que considerar, también, en el análisis, que los estimados de ingresos y bienestar no pueden ser medidos por el ingreso de un mes, aislado e individual, la población laboral activa venezolana y hasta los pensionados y los jubilados reciben beneficios anuales que los cerebritos de la contrarrevolución tapan y esconden para disminuir los verdaderos logros sociales del gobierno bolivariano: porque al promediar con perspicacia en doce meses  el ingreso de más de quince meses de pago anual del trabajador, devela que el verdadero salario mínimo actual en nuestro país es poco menos de 2 000 bolívares mensuales –sin contar bonos y demás emolumentos-, que ante el valor calculado en el reciente septiembre de la cesta alimentaria que es de 1 635 bolívares, revela de manera incontrovertible, que, al estudiar y considerar los ingresos reales de nuestros trabajadores, se trata de uno de los salarios más altos del planeta tierra.
  • Es indudable e incontrovertible que el ingreso salarial mínimo en Venezuela, cubre por demás no sólo el valor de la canasta alimentaria, sino también el de otros productos de bienestar y complacencia; salvo en los casos en que los precios impuestos por industriales y comerciantes especuladores e inescrupulosos, verdaderos causantes de los registros del deterioro en el ingreso y la capacidad adquisitiva del venezolano, impidan que sus productos puedan ser adquiridos y pagados, por los trabajadores realmente ubicados entre los mejores remunerados del mundo.

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